ensayos

«Nadie está libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con énfasis»
Michel de Montaigne

Transhumanismo: visión ontológica del cambio y movimiento aristotélico

Tras el poshumanismo, surgen preguntas que exhortan a pensar desde el ámbito filosófico para trazar una diferencia ontológica entre cambio y movimiento para poder aclarar la ruptura entre lo humano y animal, lo natural y artificial, lo físico y no físico. ¿Hasta qué punto puedo incorporarme aparatos electrónicos sin dejar de ser humano? ¿qué problemas de identidad habrán? Existen muchos prejuicios respecto al transhumanismo. Sin embargo, forman parte de nosotros, y no debemos negarlos porque apelan a realidades que reflejan la situación efectiva en la actualidad que, quizás, no serán resuelta desde la ciencia o la filosofía, sino desde la política.

El concepto de Cyborg  (cybernetic organism) fue creado por el científico Manfred E. Clynes y el médico psiquiatra Nathan S. Kline en 1960 para nombrar a un humano capaz de sobrevivir en entornos hostiles. Para Antonio Diéguez, Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Málaga, en Transhumanismo publicado en la revista TELOS en 2018, afirma que la confrontación de la idea darwinista ligada al azar y a la selección natural, con la posibilidad de tomar control y dirección de la propia evolución, ha dado mayor interés al transhumanismo científico basado en las biotecnologías. Sin embargo, el poshumanismo científico radical, busca no sólo superar al hombre sino sustituirlo. Ya no se trata de uso de prótesis, sino la adhesión de lo humano con máquinas.

Sin embargo, existe otro método de superar la especie humana. La Doctora en Ciencia Susana Finqueleivich, en Tecnificación de los humanos, publicado en la revista TELOS en 2017, explica cómo un equipo internacional de investigadores, utilizando herramientas de la edición genética CRISPR/Cas9 (Clustered Regulary Interspaced Short Palindromic Repeats), han logrado modificar exitosamente embriones humanos. Capaz de modificar, cortar o pegar ADN con el fin de corregir posibles enfermedades o simplemente para una mejor selección de embriones con ciertas características favorables. A diferencia de los cíborgs, las tecnologías genéticas no convierten a lo hombres en máquinas, aunque sí que la ingeniería genética interviene en el desarrollo.

Javier Méndez, Doctor en Filosofía moral y política por la Universidad Autónoma de Madrid, ofrece una definición de transhumanismo desde una perspectivas moral y política. Afirma en El sueño del cíborg en la Revista TELOS en 2019, que el humanismo es una forma de ennoblecer al hombre a través de la cultura, pero sin romper los lazos de animalidad de éste. Por tal, el humanismo es una cultura literaria de libros y la escritura que guardarían la memoria de la humanidad. En contraste, la poshumanidad trata de dejar atrás la animalidad del hombre en una lucha biotecnológica que se da en el cuerpo mismo. Una era tecnológica donde el registro de nuestra historia y memoria estarán en aparatos electrónicos, tabletas, móviles, etc. “El poshumanismo o transhumanismo  sería entonces la fase que deja atrás el humanismo y se caracteriza por la aparición de una nueva especie humana”.

Para Manuel Castells, sociólogo español, en La era de la información, afirma que la fragmentación de la sociedad es debido, entre muchos otras causas, a las expresiones culturales efímeras como causa de la revolución tecnológica que generan un complejo modelo de conexión e interacción. Ante un mundo fragmentado y confuso los individuos tienden a reagruparse en identidades simbólicas primarias (por etnicidad, territorio, lenguaje o creencias, etc.) que han sido interiorizadas y difícil de remover. Es decir, se deconstruye hasta cierto limite que consideran esencial.

Los avances tecnológicos traen consigo una modificando de la base material de la sociedad, una ruptura de las dualidades (cuerpo-mente, hombre-máquina), y un replanteamiento esencial. Este ensayo aborda, como antítesis al polémico tema del transhumanismo, una visión ontológica del cambio y el movimiento en las substancia de Aristóteles, para contrastar las posibles respuestas a las interrogantes de esta nueva especie desde una perspectiva fundamental que bordea los limites entre lo vivo y lo artificial.

En el Libro I (185a 12) de Física de Aristóteles, las cosas inmediatas, aquellas se nos presentan a nuestra experiencia (los entes),  están sujetas al cambio y al movimiento, sobre todo los seres vivos. “Por nuestra parte damos por supuesto que las cosas que son por naturaleza, o todas o algunas, están en movimiento”. También afirma, en El libro VII (1032a 10) de su Metafísica, que hay un sujeto de partida y un sujeto (cambiado) como punto de llegada.

Sin embargo, cambio y movimiento no son lo mismo. En Metafísica (1068a 10) afirma que éste ultimo es de un sujeto a sujeto y se da de tres maneras: de cualidad, de cantidad y de lugar. El cambio, de un no-sujeto a sujeto es llamado generación, y de un sujeto a no-sujeto es llamado destrucción. Mientras que en Física (225a 15) llama cambio sustancial sólo en lo absoluto. Se concluye que, se daría movimiento de la cosas sin dejar de existir éstas.

Ahora bien, respecto al poshumanismo radical científico, es menester saber si son humanos, maquinas, o una nueva especie. Se dijo que los cambios accidentales no representan un cambio substancial, pero sí en el caso de la combinación de compuestos orgánicos con dispositivos electrónicos. Este cambio substancial, en tanto rasgo distintivo de ser lo que esy no otra cosa, que predispone a una generación y destrucción en particular, deja de ser tal para encontrarse en una confusa frontera entre lo esencial y lo accidental. El hombre en cuanto tal, en su fundamento comparte ciertas características permanentes e invariables sin las cuales no sería lo que es, y a través de la historia se ha adornado de adjetivos que viene a constituir lo propiamente humano como el sentir empatía, las relaciones sociales, la moral, la compasión, el arte, etc., que no son necesarias para la substancia.

De acuerdo en Física (190a 30), se dice que, cuando un ser vivo llega a la existencia, hay un cambio sustancial. Luego, puede llegar a ser muchas cosas secundarias sin dejar de ser lo que es. A esto llamamos cambios accidentales. Pero estos seres también mueren, dejando de ser lo que son. Así como lo afirmó Anaximandro en Los filósofos presocráticos (134), “de donde hay generación para las cosas, ahí también se produce la destrucción”. Es decir, el martillo de madera es diferente del martillo de metal en tanto substancia. Cada una de éstas herramientas pueden tener cambios accidentales sin que afecte su esencia. Pero no pueden pretender un cambio generacional que escape fuera de la esfera de lo que se es. Es decir, de un tronco de madera no puede surgir un martillo metal y viceversa. Debido a que son substancias diferentes.

La noción de la naturaleza humana con la biología evolucionista, coinciden en señalar que tal naturaleza está sujeta a posibles cambio evolutivos. Sin duda, esto es así. La tecnología de CRISPR/Cas9 es una herramienta molecular para editar y corregir el genoma de cualquier célula. De lo dicho anteriormente, su intervención es accidente en el sentido aristotélico y clave en la evolución social que embona con la teoría darwinista, permitiendo tomar control de la propia evolución humana en vista de una mejor calidad de vida.

Para Aristóteles, lo que Javier Méndez dice acerca del poshumanismo como nueva fase que deja atrás el humanismo, no es sino lo que el estagirita llama propiamente por movimiento. Es decir, un cambio de sujeto a sujeto. Esta idea de Méndez de ver al transhumanismo desde una perspectiva moral y política, sólo muestra que las tecnologías de la información y comunicación pueden poner en crisis o amenazar la base material de una sociedad que, sin olvidar, como fundamento, siempre se predican de una substancia primera: hombre.

Claro que hoy en día podemos deconstruir el concepto de hombre, destramar sus relaciones e intereses, para revelar su condición de construcción. Pero, desarticular todo conllevaría a aporías, pues siempre se construye sobre algo y no sobre la nada que, en oposición a las identidades primarias de Castells, sería aquello indeterminado que posibilita que una cosa sea lo que es y no otra. Esta ruptura de las dualidades, este replanteamiento de lo esencial, resulta del equívoco de no diferenciar entre esencia y accidente, entre identidad y roles.

Sin duda, vivimos una guerra tecnológica en el cuerpo mismo que busca separarnos de nuestra animalidad. Con cada avance tecnológico se cuestiona más nuestra naturaleza y nuestra esencia. La confrontación de los nuevos actores sociales y lo grupos de resistencia esencialistas libran batallas para defender su causa. Unos desean preservar aquello que son, o creen ser, otros, en cambio, ven una falta de voluntad de buscar la perfección valorando más lo progresista. En contexto, pasamos por una historia en donde todo es cuestionable, donde todas las verdades absolutas son tachadas de dogmas y donde las posturas opositoras pueden resultar escépticas radicales. Creo que la desconstrucción de la sustancia primera, hombre, es sólo en la razón, por tal, quizás, somos quienes somos no por una cuestión determinista sino necesaria.


Bibliografía

Castells, M. (2001). La era de la información (Vol. II). México: Siglo XXI.

Anaximandro. (2016). Los filósofos presocráticos (Vol. I). España: Gredos.

Aristóteles. (2016). Física. España: Gredos.

Aristóteles. (2016). Metafísica. España: Gredos.

Diéguez, A. (2018). Transhumanismo. TELOS , 108 (2340-342X), 37-44.

Finqueleivich, S. (2018). La tecnificación de los humanos. TELOS , 108 (2340-342X), 48.

Méndez, F. J. (2019). El sueño del cíborg. TELOS , 111 (2340-342X), 94-101.

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