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«Nadie está libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con énfasis»
Michel de Montaigne

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LA PERSUASIVA POSITIVIDAD DEL PODER EN LA SOCIEDAD ACTUAL

«El frontispicio de nuestro siglo no se lee ya la máxima ¡Conócete a ti mismo!, sino, ¡Explótate a ti mismo!»

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La dialéctica de la negatividad constituye la base primordial. La negación de la negación de lo imposible, supeditado por nuevas ideas o creencias que bullen de la sociedad. Esta forma de violencia contemporánea más sutil que la agresión: es la violencia de la disuasión, la persuasiva positividad del poder que coacciona sutilmente al sujeto. No hay enemigos claros, cuando una conducta es normalizada por un ambiente cultural dominante se vuelve casi imperceptible, la reprimenda del poder (antes la del deber) va construyendo las estructuras con que pensamos la realidad, haciéndolo normal.

Acuñamos a nuestro tiempo el concepto de modernidad liquida como un estado de cambio social permanente de carácter fluido, mutable, que no se detiene (Bauman, 2004). Un devenir constante con una aceleración que aumenta cada vez más, embistiendo por completo al sujeto a esta positividad infinita. El paradigma mundial tornó a una globalización que fuerza imponer una idea ilimitada, donde nada es imposible, pero la apertura provocó conflictos en su misma connotación, dando lugar a una producción masiva de bienes, se inicia un consumismo excesivo y un mimetismo cultura, provocando un resquebrajamiento de la identidad.

Ahora bien, tanto Bauman como Han, afirman un cambio en las sociedades, una transición de una primera fase llamada modernidad sólida, disciplinada, ordenada, predecible, racional y relativamente estable. Pero a medida que las fuentes se fueron erosionando condujo a identidades de consumo fragmentadas, grandes emigraciones, la incertidumbre económica y la competitividad aumentaron, además, la sociedad laboral disminuyó, tornándose todo de un carácter impelente e incierto, dando paso a la modernidad líquida.

En la primera fase sólida, disciplinada, existía en el sustrato de todo ello, una burocracia que constituía el modo eficiente de organizar las instituciones, la conducta y la interacción de un gran número de personas, sin embargo, hoy en día, pensar en algo así carece de verosimilitud. Ya no son las multinacionales y gobiernos esclavizándonos, convirtiéndonos en simple pieza en una línea de producción, ni ciudadanos a quien vigilar y controlar, ellos, solo se dedican a estimular cada vez más al mercado, la producción, el marketing, estilos de vida, tecnologías, en fin, todo este leviatán de flujo económico, transformando al ciudadano político en ciudadano consumidor.

Es precisamente lo abstracto lo que, por su intangibilidad puede dominar la acción y malear la voluntad, además, permite durante un tiempo, garantizar a los dirigentes una cierta dosis de paz, de confort y de aparente soberanía política, pero que no puede tener, a fin de cuentas, más que los efectos de un búmeran social.  Los gobiernos ya no mandan, pues el poder, escindido de la política, es la élite del dinero, es decir, los mercados globales imponen ajustes y medidas que deforman o anulan aspectos de carácter político (Bauman, Zygmunt, 2006, En busca de la política).

En la actualidad, ya no existe el sujetos de obediencia, ni la sociedad disciplinaria de Foucault, conformada por escuelas, hospitales, fábricas, en su lugar, se han establecidos edificios, grandes centros comerciales, gimnasios, empresas tecnológicas, transformando al individuo en sujeto de rendimiento, emprendedor, fuertemente estimulado por la sociedad donde ya “nada es imposible”, a su vez, por la positividad del poder mucho más eficiente que la del deber para maximizar su rendimiento que, persuadido por todo este entramado retórico social se convence así mismo, autor de su propia explotación (Byung-Chul, 2012).

Estos sujetos de rendimiento han habilitado este principio de debilidad gracias a su pasión, valor, heroísmo, entrega a su trabajo, persuadidos en la medida en que, con el trabajo de la individualidad inferior se obtienen los frutos de la individualidad superior, tal es el significado retórico de esta camisa de fuerza entretejida con todas las cosas nacidas del optimismo social, que no son más que fantasmagorías que están por encima del individuo.

Empresas como Starbucks han incorporado intrínsecamente toda esta subjetividad emprendedora positiva para llenar de espíritu pasional al empleado, o socio como suele llamarle, para hacerle sentir parte de la empresa, de una familia, acogiéndolo en una cultural, quien además, debe poseer ciertas maneras de ser básicas para tener éxito. Estas formas están contenidas en un manual llamado Green Apron Book, “El libro del delantal verde” (Michelli, 2007), apostando fuertemente al coaching empresarial para mantenerlo en los estándares de productividad, obteniendo así, resultados altamente lucrativos a la cadena internacional.

Esto es, como consecuencia análoga al neoliberalismo, al consumismo, tecnologías y al caudal de información cada vez menos informativa. Sin un enemigo claro, el hombre está más que expuesto, acogido por el engranaje del mundo y embarazo por sus relaciones con él, que vuelcan a identidades atomizadas, a tratarse unos a otros como objetos de consumo, provocando que los nuevos empleos de las industrias de servicios exijan a sus trabajadores poseer recursos emocionales, estos se han convertido en productos comercializables que se venden a cambio de un salario, llamado labor emocional (Hochschild, 2016, El libro de la sociología).

Para el vulgo, ser de buen modo, no es sinónimo de estar persuadido, ya que él, a excepción de los astutos, es engañado por sus mismas palabras creyendo sostener ideas propias, sin advertir, ser un instrumento inconsciente de una sociedad que se ha hipostasiado. Esta postura a ultranza que solo beneficia a una reducida élite, donde el individuo actúa como poseso (poseído) de los códigos seculares al poner su causa en estas fantasmagorías que lo niegan (Stirner, 2014), pues ante todo, ¿qué causa es la que defiende? ¿la positividad del poder, del emprendimiento, el rendimiento, la rentabilidad, estilos de vida, modas, tendencias? Viven pensando siempre en un futuro que nunca llega, más con el ansia de haber vivido que con la de vivir, en aras de metas cambiantes que nunca alcanzan. “El frontispicio de nuestro siglo no se lee ya la máxima ¡Conócete a ti mismo!, sino, ¡Explótate a ti mismo!.” (Stirner, Max, 2014, El único y su propiedad, pág. 398).

Estamos en una sociedad que, según Bauman y Han, sufre continuo e irreparables cambios, conformada por individuos autoexplotados por una positividad del poder, toda una muralla de saberes retóricos en el que el sujeto se persuade así mismo de los nuevos cánones sociales, adquiriendo antes la costumbre de vivir que la de pensar. Poseso de estas fantasmagorías que están por encima del sujeto, este, sin embargo, cree seguir su causa pero sólo sirve a esos entes que toman forma en sí, que no son más que creencias y pensamientos abstractos destinados a perpetuar el estado de servidumbre.

 

Biografías

Byung-Chul , Han. La sociedad del cansancio. Traducido por Arantzazu Saratxaga Arregi. Barcelona: Herder, 2012.

Michelli, J. (2007). La experiencia Starbucks. (J. Cárdenas Nannetti, Trad.) Colombia: Grupo Editorial Norma S. A.

Bauman, Z. (2004). Modernidad líquida. (F. d. A., Ed., & M. Rosenberg, Trad.) Argentina.

Thorpe, C., Yuill, C., & Hobbs, M. (2016). El libro de la sociología (Primera ed.). México: Penguin Random House.

Bauman, Z. (2006). Zygmunt Bauman. (Mirta Rosenberg, Trad.) Argentina. FCE.

Stirner, Max. (2014). El único y su propiedad. (Pedro González Blanco, Trad.) España: Sexto piso.

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