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«Leer era la otra aventura y la primera era, probablemente, la vida misma»
Adolfo Bio Casares

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ÉTICA MALDITA: CALÍGULA Y LO ABSURDO DE ALBERT CAMUS

«La moral hace para el hombre de demonio»

Fragmentos de Heráclito

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Lo absurdo resulta de la confrontación de la esperanza, es decir, de lo que espero recibir, o suceda, con la realidad. Es el divorcio entre el hombre y su vida, un exilio a un sin lugar, anhelando un mundo que, aunque se explique con malas razones es un mundo familiar. Calígula, en la pieza teatral de Camus, es considerado un hombre completamente detestable, transgresor del orden social y la moral, impulsivo, sediento, voluble, sobre todo, falto de cordura. Sin embargo, su locura no era más que clarividencia. Era el hombre más cuerdo y lúcido de todos, él había visto hasta las raíces de la realidad y su comportamiento era una respuesta lógica a ése descubrimiento, que la vida no tiene sentido. Un moralista, con una nueva visión de la vida que los demás no pueden comprender, para él, todos están envueltos en trivialidades, preocupado en problemas fútiles que terminan sublimándose sobre la vida misma, sobre el hombre. Esta ética maldita vendrá a liberar a los dormidos, a los que quieren apagar su deseo, y sobre todo, a los que niegan esta verdad, no sin antes, con una lógica aguda irretractable que vuelca hacia sus últimas consecuencias.

Ante la muerte de su amante y hermana, Calígula, se exilia por toda Roma en una meditación profunda por tres días. Cansado, regresa sin  haber conseguido lo que quería. Para él, el mundo tal y como está no es soportable, la muerte de su amada es sólo una señal de una verdad que le hace necesaria la luna, la dicha o la inmortalidad, algo que no sea de este mundo. Se ha dado cuenta de lo infinito, lo imposible, que en la obra se simboliza con el deseo de poseer la luna. De una verdad muy simple y clara, pero pesada de llevar: “Los hombres mueren y no son felices”[2]. Revela que mundo no tiene importancia y, quien así lo entienda conquista su libertad.

Calígula es un psicólogo agudo, para él, no existe pasión sin un toque de crueldad. Representa el drama  de un hombre plenamente consiente de su deseo, que al abrir sus ojos a la realidad se da cuenta que no hay nada en ella que lo puede colmar. Hay que pensarlo como moralista, su pensamiento reflexivo sobre el hombre y su condición, lo lleva a ver la vida de una manera diferente, de saber que no vamos hacia ningún lado y que todo se reduce a un hondo abismo caótico, del cual, el hombre, a través del orden, influenciado desde la cosmogonía mítica, cree que va a escapar al caos primogénito que inunda absolutamente todo.

Ahora bien, lo absurdo de Camus resulta del divorcio entre el hombre y su vida, entre el acto y su decorado, debido a toda esta necesidad que tiene el hombre de ordenar el caos, que en consecuencia, genera más caos. El estado con su economía, relaciones políticas, finanzas, leyes,  que sirven para dar orden, en verdad, generan más discordia, a su vez, los hombres están libres y atados, más atados de lo que notan de un orden que no tiene interés en que ellos salgan, pues se volverían ingobernables[3].

Para el hombre que empieza a pensar y, de ningún modo, como Calígula, se someterá al destino, sino que se subleva a él, y toma su lugar, mostrándoles a sus súbditos de manera irónica y de mi primera mano lo que es el destino, la peste, o un dios cruel que dispone de la vida y la muerte. Esta postura es comparable con el pensamiento de Stirner, “yo he basado mi causa sobre nada”[4], donde a negado todo lo que esta por encima de uno, todas las fantasmagorías a las que el hombre sirve: el amor, la honradez, la religión, el estado, dios, etc. Dejando de ser un poseso en beneficio de esas construcción, poseyéndolas él, ahora, a su beneficio, viviendo para sí mismo y no para otros, fundando la causa en uno mismo, es decir, en nada, que al morir, morirá ésta también.

Es así cómo Calígula figura como rebelde metafísico que se alza contra su situación y la creación entera. Al protestar contra la situación en lo que ésta tiene de inconcluso, por la muerte, y de disperso, por el mal[5]. Sabe que desear sin límite equivale también que sea deseado sin límites, y la licencia para destruir supone que uno mismo puede ser destruido. En el movimiento de su rebelión, acepta la posibilidad de morir, mostrando con ello que se sacrifica en beneficio de un bien, de una verdad que estima que lo sobrepasa.

Su igual, en pensamiento e inteligencia, Queras, es el auténtico hombre absurdo, aquel que, consciente de su condición rutinaria, monótona, prefiere la costumbre de vivir qué la de pensar. Por tal razón, el literato prefiere vivir sumido al orden por más viciado que esté, antes que ver desaparecer el sentido de la vida, la razón de la existencia, su deseo es recobrar el orden que en palabras muy confiadas llama coherente. No lo mueve la ambición, sino el miedo razonable, el miedo al lirismo inhumano ante la cual la vida no es nada.

Pero, ¿acaso, ésta crisis interior no es más que un sentimiento que el individuo presenta al reivindicar su carácter individual dentro de una ética que es en cuanto tal lo general? ¿Qué es la angustia, aquel salto de fe, sino los diferentes grados y matices del sufrimiento de un individuo que, en combate con sus propias posibilidades de existencia, teme las consecuencias de su propia libertad? [6]. Pensemos en el hombre de Sartre, el hombre que será ante todo, lo que habrá proyectado ser, no lo que querrá ser, responsable de sí mismo y que detrás de éstas palabras se encuentra la angustia, desamparo y desesperación[7].

¿Es correcto predicar a la realidad con un contenido irracional? ¿Será que al final del proceso de racionalización del mundo, del sentido y las grandes certezas, queda tan sólo una ontología del caos?[8]  En la filosofía del absurdo, no existe lo absurdo en sí, el mundo no es absurdo, sino que es relativo a la contradicción que nosotros generamos a partir de la búsqueda de sentido. Lo que resulta absurdo viene de la confrontación entre el hombre y el silencio irrazonable del mundo, sordo a nuestro gritos, angustia, llanto. Decir que la vida carece de sentidos nos hace absurdo a nosotros por querer encontrarle uno.

¿Qué de cierto tiene la revelación “los hombres mueren y no son felices”? ¿Es posible compararlo de manera análoga al pensamiento heideggeriano, que en la medida que uno se apropia de su posibilidad más propia, o sea, que es consciente de su carácter “ser para la muerte”, cambia su autenticidad? Es así cómo el filósofo alemán afirma que la muerte da la posibilidad de hacerse potencia dominante de la existencia del “ser ahí”.

Sin embargo, desde el aforismo de Cioran: los otros caen en el tiempo, Calígula, por su parte, ha caído del tiempo. Por mucho que se aferre a los instantes, se le escapan, no hay ninguno que no le manifieste su negativa a comprometerse con él. Aquello se suman a una eternidad que se erigía por encima de él, en esa otra que se sitúa por debajo[9]. Sentado al borde de los instantes para contemplar su paso, si poder ya distinguir nada de ellos, sino solo una sucesión sin contenido. “Si yo hubiera conseguido la luna, si el amor bastara, todo habría cambiado. ¿Pero dónde apagar esta sed? ¿Qué corazón, qué dios tendrá para mí la profundidad de un lago?”[10].

¿Cómo lidiar, cuando inspira sentimientos irreconocibles, un paroxismo de repulsión y fascinación? Igual que Fausto, quién con afán estudio todas las ciencias, incluso teología, se da cuenta que en realidad no sabe nada; esas revelaciones que dejan un sabor amargo y aquellas que dejan de llenarlo, le consume el corazón. “no me atormenta escrúpulos ni dudas, no temo al infierno ni al diablo…pero, a trueque de eso, me ha sido arrebatado toda clase de goces.”[11]

También, aquel joven que acabó pronto con su vida, desprovisto de fe, y por tal, desdichado. Creía que un hombre dichoso jamás temería que su vida fuese un errar sin sentido hacia una muerte cierta. No se atrevía arrojar la piedra a quien cree en cosas que él dudara, ni a quien idolatrara la duda como si no estuviese rodeada de tinieblas, ya que esa piedra, incluso le alcanzaría a el mismo[12].

¿Será que las cosas no se consiguen porque nunca se las sostiene hasta el fin?[13] Es cierto, la historia lo prueba, en este mundo no se consigue nunca lo posible si no se intenta lo imposible una y otra vez. Tarea exclusiva para un caudillo capaz, armado de fortaleza que permita soportar la destrucción de todas las esperanzas, “Sólo quien está seguro de no quebrarse cuando, desde su punto de vista, el mundo se encuentre demasiado estúpido o demasiado abyecto para lo que él le ofrece.”[14]

Calígula vive el drama sabiendo que aquello, más profundo y más íntimo, no tiene respuesta, que es un deseo eternamente no correspondido. Su ética maldita no nos impide pensarlo como un moralista, niega los valores establecidos para expresar el resultado de una revelación absurda, de rasgos nihilista, donde todo es banal y perecedero. A través de una sátira dialéctica, pone en evidencia lo absurdo de toda creencia, sean principios morales, religiosos o políticos. En un mundo tan desigual, injusto, se da la tarea de apaciguar la angustia infinita de los hombres, colocando por igual a todos, incluso a él mismo, en el patíbulo. Para comprender que no es preciso hacer algo para morir, y de apropiarnos de nuestra condición más propia, la única posibilidad que está en todas las posibilidades, “ser para muerte”. Hacer del siglo el don de la igualdad, una tarea sobrehumana, pero el caso, es que se llama sobrehumanas aquellas tareas que toman un largo tiempo, incluso, hasta sus ultimas consecuencias. Sabe que morirá a manos de los que no han entendido esta verdad, no de sus victimas, ellos han comprendido, tienen en la boca el mismo sabor que él, pero no teme, porque incluso, el dolor más fuerte, más insoportable, aquel que creemos que jamás nos dejará, incluso ese dolor acaba.

[1]  Camus, Albert. (2017). El mito de Sísifo. (Benítez, E., Trad.). (Pág. 18). España: Alianza editorial.

[2] Camus, Albert. (2017). Calígula. (Escena I, Acto V). México: EMU

[3] Caraco, Albert. (2006). Breviario del cao. (Santos Rivera, Rodrigo, Trad.). España: Sexto piso.

[4] Stirner, Max. (2014). El único y su propiedad. (González Blanco, Pedro, Trad.) (Pág. 452). España: Sexto piso.

[5] Camus, Albert. ( 2914). El hombre rebelde. (Pág. 43). México: TM

[6] Kierkegaard, Soren. (2015). Temor y temblor. (Pág. 287). España: Gredos.

[7] Sartre, Jean Paul. (2014). El existencialismo es un humanismo. (Guerrero Marín, Erika. Trad.) México: EMU.

[8] Weber, Max. (1999). El político y el científico. (R. Llorente, Francisco. Trad.) España: Opera Mundi.

[9] Cioran, E.M. (2015). La caída en el tiempo. (Manzano, C. Trad.). (Pág. 160). España: TusQuets Editores.

[10] Camus, Albert. (2017). Calígula. (Escena IV, Acto XXIII). México: EMU

[11] Goethe, Johann W. (2013) Fausto. (Borrell, J.R. Trad.) (Pág. 23, Primera parte). Colombia: Panamericana Editorial.

[12] Dagerman, Stig. (2007). Nuestra necesidad de consuelo es insaciable. (Caba, José Mª. Trad.). (Pág. 7). España: Pepitas de calabaza editores.

[13] Camus, Albert. (2017). Calígula. (Escena V, Acto I). México: EMU

[14] Weber, Max. (1999). El político y el científico. (R. Llorente, Francisco. Trad.. (Pág. 109) España: Opera Mundi.

Eduardo Medrano

Eduardo Medrano

Lic. Relaciones Internacionales
Facultad de Filosofía y Letras, UAS.

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